viernes, 8 de agosto de 2008

Casi medio siglo como malaguista


José María Zárraga, ex entrenador y primer gerente en la historia del Málaga, recibirá el lunes un cariñoso homenaje de sus numerosos amigos.


Saber estar donde hay que estar es una virtud. Un don que no muchos poseen. Es difícil, muy difícil, aparecer cuando hay que hacerlo, y ocultarse cuando procede. En el complicado mundo del fútbol, en más de 60 años, me he tropezado con pocos, muy pocos, que estuvieran adornados por tales dotes. Y hablo de jugadores, de dirigentes y de directivos. No sé cuántos miles de amigos he coleccionado en mi largo medio siglo de vinculación periodística o desde los cargos que me confiaron en el desaparecido Málaga. Unos se pasaron en lo que quisieron representar. Otros no llegaron. Para mí los elegidos fueron aquellos que supieron dónde estar en cada momento. Tanto fueran jugadores como si su papel fue el de profesional en otro menester.

Uno de esos seres singulares que estaban donde tenían que estar, donde le correspondía aparecer, fue José María Zárraga. Lo admiré como jugador cuando en el deslumbrante Madrid de las estrellas -!aquellos sí eran galácticos!- apareció con la modestia que lo caracterizó y con la eficiencia que jamás perdió. Donde había que disputar el balón, allí estaba. Cuando el Madrid lo perdía, Él estaba presto a recuperarlo. Cuando lo lograba -menester en el que se prodigaba- buscaba a uno de aquellos grandes, Di Stéfano, Rial, Puskas, Kopa, Gento y le estregaba la batuta (el esférico) para que pudieran dirigir la orquesta del excepcional juego del Real de las cinco Copas de Europa. Él no se vestía de blanco para quitar brillo a las estrellas a las que acompañaba. Él estaba para hacer brillar a los que tenían que brillar. Y los que brillaban nunca ignoraron cuánto de su resplandor pertenecía a aquel que siempre estaba donde debía estar.

Vallejo, Deusto o Macías

Cargado de lauros llegó a 'su' paraíso, a 'nuestro paraíso', a Málaga. Hace 44 años, cuando lo conocí personalmente en el Hotel Plaza de Torremolinos, cuando en el primer mes del año 64 llegó para estrenarse como entrenador. El Málaga no rompió la ramplona campaña que venía realizando. Pero Zárraga estuvo donde tenía que estar. Hizo lo que le correspondía. Y lo mismo que aquellos históricos compañeros del Real Madrid apreciaron lo que era contar con Zárraga, así sucedió en el Málaga. Volvió a los dos años. Venía, también, para otro estreno. Su segundo en el titular de Martiricos, que era el primero en el club. Volvió para ser el primer secretario técnico-gerente de la historia. En el cometido de secretario técnico dejó huella. Ya como entrenador hizo debutar a Vallejo como defensa. Y como secretario técnico, Juancho Deusto, por un lado, y Pepe Macías, por otro, son dos, entre otros muchos, botones de muestra de su labor. Cuando llegó como entrenador posó sus ojos sobre el 'Zárraga malaguista', un tal Benítez al que quiso incorporar intuyendo su futuro. Nunca presumió de sus descubrimientos. En el Alavés, por ejemplo, 'cazó' a Zubizarreta o a Valdano. Siempre rehusó el primer plano, menos a la hora de asumir responsabilidades.

A los seis años de desempeñar su cometido de gerente, José María Zárraga, que en el mundo del fútbol, por su sapiencia, avizoraba los temporales, vio aparecer la tormenta que se avecinaba cuando se anunció la llegada de Marcel Domingo y olió las oscuras discrepancias que se podían producir -se produjeron- entre un entrenador-estrella y un jugador, Viberti, igualmente elemento estelar. Sabía que no podría dominar el temporal como antes controlara el que se desencadenó entre el presidente Moreno de Luna y Otto Bumbel.

Por la puerta grande

José María Zárraga, gerente por la gracia del Club Deportivo Málaga, cubrió casi una decena de años más en el mismo cometido entre Valencia y Alavés. La misma puerta grande por la que salió Zárraga de Martiricos se abrió en el Luis Casanova y en Mendizorroza cuando anunció su despedida. A los galardones de las cinco Copas de Europa y a las cuatro medallas al Mérito Deportivo en la historia profesional de José María Zárraga Martín aparece el escudo de oro y brillantes del desaparecido Málaga, cuyos amigos de la Asociación de ex Jugadores de Fútbol del Málaga y los 'charcas' de los periodistas que compartimos día a día su trabajo en Trinidad Grund lo vamos a homenajear en el Hotel Rinconsol, del Rincón de la Victoria, el lunes. Noventa y seis horas antes de que cumpla los 78 años.

Zárraga, el predestinado del Málaga -frente al Málaga sufrió su primera grave lesión; al Málaga le ofrendó su primer autogol en Primera el día del 6-0 histórico en 1953, en el Málaga 'estrenó' su título de entrenador y en el Málaga comenzó su carrera de gerente- ha sido un profesional extraordinario y un amigo singular. Por eso, 36 años después de que, tras su dimisión como gerente, siga ejerciendo como malaguista, sus amigos aprovechamos su tradicional veraneo en Rincón de la Victoria. Verás, José María, que la semilla de la amistad que siempre sembraste, en Málaga fructificó.
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